¿Tienes que gestionar una desvinculación y no sabes exactamente qué opciones tienes más allá de la liquidación? ¿Has escuchado hablar del outplacement pero no tienes del todo claro qué es ni si aplica a tu caso? Este artículo es para aclarar exactamente eso.
Qué es el outplacement
El outplacement es un servicio de acompañamiento profesional que la empresa contrata para la persona que se desvincula. No lo contrata la persona, lo contrata la empresa. Y el objetivo no es colocar a esa persona en cualquier puesto lo antes posible, sino ayudarla a entender su valor profesional, construir una narrativa sólida y activar su búsqueda con criterio y dirección real.
Dicho de forma más simple: es asegurarse de que la persona que sale de tu empresa no se queda sola ante uno de los momentos más difíciles de su vida profesional.
Qué no es el outplacement
El outplacement no es un curso de búsqueda de empleo, no es una sesión para aprender a hacer un CV, no es formación en herramientas digitales ni un taller de entrevistas. Todo eso puede ser parte de un proceso más amplio, pero no es el outplacement en sí.
El outplacement tampoco es recolocación masiva. No se trata de meter el perfil de la persona en una base de datos y esperar a que suene el teléfono. Es un proceso de acompañamiento individualizado, con sesiones de trabajo real, con un especialista que conoce el caso y con un resultado concreto: que la persona salga del proceso mejor posicionada de lo que entró.
Por qué lo contratan las empresas
Hay varias razones, y no todas son altruistas. Algunas lo hacen porque les importa genuinamente el bienestar de las personas con las que han trabajado. Otras porque saben que el equipo que se queda observa cómo se trata a quien sale, y quieren enviar la señal correcta. Otras porque han vivido en carne propia lo que cuesta una desvinculación mal gestionada en términos de clima, rotación y reputación. Y otras porque lo incluyen como parte del acuerdo de desvinculación y eso reduce la fricción y el riesgo de conflicto.
En la práctica, todas estas razones son válidas y muchas veces se dan al mismo tiempo.
Cuándo tiene sentido contratarlo
El outplacement tiene sentido en cualquier proceso de desvinculación donde la empresa quiera ir más allá del mínimo legal. Eso incluye desvinculaciones individuales de perfiles que llevan tiempo en la empresa, procesos de reestructuración que afectan a varios puestos, o situaciones en las que la empresa quiere cuidar especialmente la forma en que se gestiona la salida.
No tiene un tamaño mínimo de empresa ni un perfil mínimo de empleado. Lo que lo hace relevante no es el tamaño de la organización sino el criterio con el que se quiere gestionar el momento.
Cuándo no tiene sentido
El outplacement no tiene sentido cuando se contrata como un trámite más, sin convicción real de que va a servir para algo. Un programa de outplacement que la persona percibe como un gesto vacío no solo no ayuda: puede generar el efecto contrario.
Para que funcione tiene que haber, mínimamente, la voluntad de que la persona salga del proceso con algo real. Si eso existe, el resto se puede construir.
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